La idea de un millón de dólares

Me encontraba sentado en la parte trasera del auto de mi papá, eran veinte para las ocho. El aire se veía oscuro, se escuchaban solamente las bocinas y mis ojos ardían por el picor que producía un camión que iba botando ripio. Mi padre estaba muy molesto, gritándole al imprudente hombre que constantemente intentaba adelantarse. Me sentía cansado y nauseabundo por el olor a bencina. Intente cerrar los ojos e imaginar la casita de mi abuela en el campo, donde tenía un gran árbol de manzanas bonitas y rojas, que me hacía recoger todos los días en la mañana para hacer su rica tarta, mientras con mi primo salíamos a correr por la maleza persiguiendo las mariposas por el terreno, aún virgen, el cual mi abuela cuidaba mucho porque decía que era su pequeño tesoro, su pedacito de paraíso en la tierra. Durante la tarde nos sentábamos en el corredor a ver caer el sol, como el cielo se cernía de la paleta completa de naranjas y rojos, el aire era dulce, envolvente y puro. Podía sentir los pájaros cantando sus melodías más suaves, a los árboles fraternizar entre ellos, al agua danzar limpia, clara y profunda.

Cuando abrí los ojos, seguía en aquel taco, mi papá molesto, el aire pesado, paisajes desolados, pequeña maleza intentando encontrar su curso entremedio del asfalto. Todos se veían enfermos, pálidos y deprimidos, la vida les pasaba tan rápido; como si no se dieran cuenta de que aquellos grandes bloques que llevaban tanto tiempo construyendo no los hacían felices.

Me sentí perdido, quise comentarlo con mi padre pero él seguía inmerso en su ahora solitaria disputa con el ya inexistente conductor quien nos había adelantado hace un rato. La frustración aumento en mí, lloré como nunca lo había hecho, eso alarmó a mi padre quien me miró por el retrovisor, me comenzó a preguntar si aún seguía molesto porque no me iba a comprar el nuevo juego para el play. Pero solo provocó que llorara más, entre sollozos le dije que ya no lo quería, que no lo necesitaba. Tras una larga pausa de mi parte, le solté todo lo que había estado sintiendo, mi disgusto, debido a que cada día que pasaba había menos árboles en el camino, que el parque en el que jugábamos cuando era pequeño había sido reemplazado por un estacionamiento y que no entendía la manía de los adultos de destruir todo para generar dinero. No supo que decirme, se mantuvo callado y pensativo hasta que llegamos al portón de mi colegio.

 

En el recreo, me puse a investigar cómo podía ayudar a que la gente tuviese su pequeño paraíso como mi abuela. Me sentí un poco más acompañado cuando me di cuenta de que no era la única persona que pensaba que debíamos hacer algo. El día de consejo de curso le dije a la profe que teníamos que hablar de un tema de suma urgencia, que nos afectaba a todos.

Me pare super seguro, con voz clara dije que teníamos que empezar a crear conciencia sobre como vivíamos, que era nuestra responsabilidad ayudar al planeta, para que tuviésemos una mejor calidad de vida y que podríamos partir con una campaña de reciclaje. Nadie me tomo en cuenta, eso me desalentó un poco, pero pensé que quizás no dimensionaban el real problema que había.

Al llegar a mi casa me conseguí un par de cajas con el tío del negocio, las pinte de diferentes colores y las ordené en el patio del colegio. Les empecé a explicar a todos lo importante que era reciclar, que como una labor tan sencilla podía ser un pequeño aporte al planeta, me pare como un guardián, atento a que siguieran bien las instrucciones y que mi idea no se perdiese en un par de días.

Me di cuenta, que con tiempo y paciencia todo iba tomando forma, que de apoco todos se acostumbraban a ser más responsables con sus desechos. Jugando con mis vecinos les conté sobre nuestra campaña de reciclaje y se entusiasmaron con hacerla igual en sus colegios. Ya no éramos solo un grupo de alumnos, sino que toda la comunidad se empezaba a sumar. Aprecian más iniciativas para devolverle la vida a nuestra ciudad. Era un hecho, habíamos emprendido un viaje maravilloso, sin retorno hacia un futuro en donde los humanos no vamos en contra de la naturaleza, sino que la abrazamos, queremos y cobijábamos como a una madre. Sabía que nos esperaba un camino muy largo, lleno de obstáculos, pero de algo estaba seguro, que si lograba que la mayor cantidad de personas creyeran en ello, tendríamos esperanza.

Paulina Boffi Morales.

 

Los países y la evolución de sus acuerdos para combatir la crisis climática

El calentamiento global fue un tema muy discutido a lo largo de la historia. Al principio se dudaba de él, pero con el pasar de los años, los escépticos se iban quedando sin fundamentos y los países debieron tomar cartas en el asunto. Han sido mucho los hitos que intentaron frenar la crisis climática y hoy nos centraremos en las negociaciones y cómo estas juegan un importante rol en el intento de combatirla. Esperamos que con este artículo quedes al tanto de los principales antecedentes del proceso actual de negociaciones que se lleva a cabo entorno al mayor problema que ha tenido que enfrentar la humanidad.

Comenzamos en el año 1992 específicamente en Nueva York, donde se adoptó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que estableció el marco teórico para negociar acuerdos específicos, como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París.

Avanzamos en el tiempo y llegamos a 1997 donde se ejecutó el Protocolo de Kioto, un convenio internacional que se basa en cronogramas y compromisos jurídicos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Además estableció obligaciones legalmente vinculantes para 37 países industrializados. Cada uno adquirió compromisos que debían verse reflejados en diferentes proyectos en sus programas nacionales. Están relacionados a la disminución de las emisiones producidas por la electricidad, el refinado de hidrocarburos, la calcinación, la fabricación de cemento y cal y la producción de acero. Después de que el Protocolo entró en vigor en 2005, las negociaciones internacionales tenían como objetivo disponer un nuevo acuerdo global.

En el progreso llegamos al año 2007. Allí se realizó la Hoja de ruta de Bali. Quizás el nombre no te suene, pero básicamente busca lo mismo, pero está vez con otro enfoque. El Plan de Acción de Bali traza el curso para un nuevo proceso de negociador diseñado para abordar el cambio climático desde cinco categorías principales: visión común, mitigación, adaptación, tecnología y financiación.

En el año 2010 se realizó el Acuerdo de Cancún, a través de este acuerdo se consiguió reintegrar, en cierto modo, la confianza en el sistema de negociaciones, pues introdujeron planes para reducir las emisiones. Determinaron que el calentamiento global debe permanecer por debajo de 2 °C en comparación con la temperatura pre-industrial y avivaron el desarrollo de planes. Finalmente, ya un poco más actualizados, tenemos al Acuerdo de París del 2015, que fue un consenso histórico. Aquí encontramos un acuerdo cuyo objetivo fue crear un acuerdo no vinculante para ayudar a los países en desarrollo a reducir las emisiones. “El Acuerdo de Paris ha cambiado el rol del negociador climático Iberoamericano porque, por primera vez, todos los países, sin distinguir su nivel de desarrollo, han asumido compromisos internacionales que deben ser cumplidos y ejecutados en determinados plazos, los cuales serán monitoreados y verificados”. Jimena Mora, ex negociadora por la delegación peruana.

Existen diversas opiniones respecto a la eficiencia que han tenido estos acuerdos. Sin embargo, podemos estar de acuerdo en que no han sido suficientes ni lo necesariamente transparentes para ver resultados positivos. Este proceso tiene una larga trayectoria que ha permitido a los países a encontrar la mejor estrategia para lograr los objetivos establecidos en cada negociación, aún así, nuestro planeta nos exige un mayor esfuerzo por parte de todos.

Si quieres saber más aún:

Fuentes

http://www.undp.org/content/dam/rblac/docs/Research%20and%20Publications/Energy%20and%20Environment/PNUD%20Manual%20del%20negociador%20de%20Cambio%20Climatico.pdf.

¡Dile que no al fast fashion!

Como nos tomamos muy en serio la gringalización, aquí va otra: el fast fashion. Podemos hablar de tiendas como Zara, Forever 21, H&M, entre otras. Sabemos que son atractivas, porque nada que decir, el paraíso de las 3b (bueno, bonito y barato), pero si supieras todo lo que hay detrás, lo pensarías mejor antes de gastar tu dinero ahí.

Es curioso ya que cuando comenzó, se hablaba de esto como si fuera una tremenda genialidad. Ropa ultra a la moda y muy barata, estilos que ya no cambian dependiendo la estación, ahora podemos encontrar ropa nueva todas las semanas y maravillarnos con eso, ¿todo muy lindo no? Pero a ver, armémonos un poco la película de toda esta situación, tienen éxito porque venden demasiado. Primer punto en el que pensar ¿realmente necesitamos todo lo que compramos?… Segundo punto, analicemos que es lo primero que sacrifican las empresas para abaratar costos. ¡Así es! las personas y el medioambiente, como no. Se eligen países en vías de desarrollo donde pueden contratar personas, pagarles el mínimo y no asegurarles condiciones de trabajo dignas, ya que no tienen otra opción y se aprovechan de eso. Unos 40 millones de personas en el mundo se dedican al rubro y alrededor del 85% son mujeres, muchas de ellas menores de edad o mamás solteras. 

En cuanto al medio ambiente… ufff, si no se hacen cargo de las personas, menos lo hacen con sus desechos y los materiales que ocupan para la confección. Según el World Resources Institute -WRI-, producir una camisa de algodón consume 2700 litros de agua y la industria textil genera el 20% de la contaminación industrial del agua. Si seguimos apoyando esta industria como lo hemos hecho hasta ahora, se estima que para el 2030, la contaminación y el mal uso de los recursos aumentará entre un 50 a 63%.

No hay razones para seguir contribuyendo y la solución es fácil y una tremenda idea para a tu bolsillo. Puedes seguir estos consejos:

  • Revisa tu closet y clasifica la ropa. Puedes arreglarla, pedirle a alguien que lo haga por ti o simplemente vender lo que no usas.
  • Organiza trueques con tus amigos o conocidos y así aprovechas de pasar un momento agradable.
  • Prefiere las tiendas de ropa usada, prendas en buenísimo estado, originales y a un buen precio. ¿Sabías que en promedio una prenda se usa solo 7 veces antes de ser desechada? Alargar su vida útil tiene que ser una prioridad.
  • Finalmente si quieres algo nuevo, prefiere pymes y así nos apoyamos entre nosotros.

No hay por donde perderse, solo hay que volverlo costumbre.

Si quieres aprender más aún:

 

Documentales:

The true cost (2015)

Slowing Down Fast Fashion (2016)

Fuentes:

https://www.contreebute.com/blog/que-es-el-fast-fashion-y-por-que-esta-haciendo-de-la-moda-un-negocio-insostenible

http://www.takepart.com/article/2016/10/25/will-hearing-from-garment-workers-change-fast-fashion

 

Nota: Recuerda que en google chrome las páginas se pueden traducir.

Foto: Thomas Imo.

 

Consejos para sentir calma en cuarentena

Sabemos que el aislamiento y las dificultades por las que pasa cada uno pueden transformarse en una sensación de intranquilidad constante. Existen varias maneras de controlar la ansiedad y una de ellas es mediante el mindfulness. Algunos lo conocerán y otros nunca han escuchado sobre el. A grandes rasgos, se trata de prestar atención al momento presente de forma deliberada y sin emitir juicios mediante diferentes ejercicios. Algo así como un gimnasio para la mente.

Hace unos años, se realizó un estudio en el que participaron más de dos mil personas. Todos tenían un celular y durante el día les hacían preguntas para saber que estaban haciendo, en qué estaban pensando y hasta que punto eran felices. Lograron descubrir tres cosas muy relevantes. La primera, el 47% de las veces la gente no estaba pensando en lo que estaba haciendo. La segunda, eran menos felices cuando su mente estaba dispersa. Y la tercera, su nivel de felicidad se relaciona más con lo que pensaban, que con lo que hacían. La conclusión fue: ‘La mente humana tiende a dispersarse y una mente dispersa es una mente infeliz. La capacidad de pensar en lo que no está sucediendo es un logro cognitivo que conlleva un coste emocional’.

Cada vez son más los estudios que hablan de sus grandes beneficios. Es meditación desde una perspectiva más ‘moderna y práctica’ que busca llegar a todo tipo de personas independiente de sus creencias. A continuación, te dejamos algunos ejercicios para que veas si te hace sentido y puedas probar diferentes maneras de encontrar tranquilidad.

  • Cuando comiences el día, quédate recostado en tu cama unos minutos y concéntrate en tu respiración. Inhala y exhala por la nariz. Comienza a imaginar una luz dorada que envuelve todo tu cuerpo y se extiende hacia fuera llenando la habitación. Explora, disfruta la sensación y agradece por tener la oportunidad de vivir un día más.
  • Haz una lista con los cinco sentidos y durante el día dedícate a percibir estímulos interesantes para cada uno de ellos.
  • Intenta concentrarte plenamente en al menos una comida. Observa, siente, huele, saborea y analiza todas sus características.
  • ¡Baila! Aunque sea solo en una pieza. Quizás te sientas incomodo o se te de perfecto. Pero haciéndolo podrás conectarte de otras formas con la música que más te gusta y liberarás endorfinas.
  • Encuentra al amigo que hay en tu interior. Imagina que tus problemas le están pasando a un amigo que quieres mucho y necesita tu ayuda. ¿Como sabes si te resulta más fácil encontrar soluciones?
  • Elimina el desorden de tu vista. Los espacios organizados nos ayudan a darle una mejor ‘organización’ a nuestra propia mente.
  • Ponte cómodo, cierra los ojos e imagina un lugar que para ti represente paz. Dedícate a dibujar detalladamente esa imagen en tu mente. Piensa en los colores, las texturas, las sensaciones.
  • Cuando no te encuentres muy bien, presta atención a lo que estas sintiendo, identifícalo y ponle una puntuación entre 1 a 10 en nivel de intensidad.

Esperamos que te sirvan estos ejercicios y puedas implementarlos en tú día a día. Nunca está demás probar nuevas estrategias que nos ayuden a alcanzar una consciencia plena.

Si quieres aprender más aún:

Fuentes:

Davie Michie (2016) ‘Por qué el mindfulness es mejor que el chocolate’.

Dra. Arlene K. Unger (2016) ’50 ejercicios de mindfulness y relajación para reducir el estrés’.

https://www.mindfulness-salud.org/mindfulness/que-es-mindfulness/ 

https://psicologiaymente.com/meditacion/mindfulness-8-beneficios-atencion-plena

Hablemos sobre basura y reciclaje (Parte I)

Este es un temazo, ya que hay mucho que hablar al respecto. Por un lado tenemos la basura, que se define como un producto de las actividades humanas, considerado como desecho que se necesita eliminar. Por otro lado el reciclaje, que pretende recuperar los materiales desechados para darles un nuevo uso como producto. Suena algo así como problema y solución, pero está lejos de serlo. Solo el 16% de los desechos mundiales son reciclados y las toneladas de basura generadas al año son una gran preocupación. Vivimos en el mundo del consumo desechable y también en un país al que le gusta liderar rankings. Chile es el número uno sudamericano en generar basura, con 1,26 kg al día por persona, seguido de Argentina y Brasil.

Ojalá pensáramos más seguido en esto, lo suficiente para generar una consciencia que nos haga responsables de nuestros desechos. No solo generan problemas ambientales, sino también económicos, sociales y sanitarios. Hasta en futurama tuvieron problemas con la basura y eso que la lanzaban al espacio, ¿Cómo no vamos a tener nosotros?… Ya sabemos que los recursos del planeta no son infinitos y tampoco hay espacio suficiente para que no nos produzca un daño. El reciclaje pareciera ser la solución perfecta, pero una cosa es decirlo y otra muy diferente hacerlo. En todos lados nos dicen que lo hagamos, pero hay poca educación ambiental y muchas dudas.

¿Dónde podemos reciclar?, ¿cómo debemos separarla?, ¿en que se convierte esa basura? ¿quién se hace cargo?, ¿a quién ayudamos?… Si tuviéramos esas respuestas, sería más fácil motivarse. Reciclar es una de las primeras acciones que implementamos cuando tenemos la voluntad de ser personas más responsables con el medioambiente. Ningún país está libre de contaminación y cada artículo que consumimos se convierte en basura en algún momento. Alargar la vida útil es absolutamente necesario y esperamos que con el tiempo se vuelva una obligación.

A medida que incorporamos el hábito, sentimos como aportamos ese granito de arena que de a poco producirá grandes cambios en nuestra sociedad y el medioambiente. Todos pueden ser partícipes de esta actividad. Están pasando tantas cosas y el exceso de información nos puede agobiar. Por eso es importante empoderarnos como consumidores y buscar la manera de aprender que más se acomode a nuestra forma de ser. Aportar cambiando nuestro modo de vida, adoptando nuevas costumbres y buenos hábitos para cuidar nuestro planeta. También ayudemos pasando la voz. Si hablamos con nuestro entorno y les mostramos lo gratificante que resulta esta actividad y lo fácil que es, cada vez serán más los que acepten el desafío. Te invitamos a seguir muy atento nuestras publicaciones, ya que te entregaremos las herramientas necesarias para que sepas como hacerlo y tengas el incentivo suficiente.