Se hacía tarde ya cuando tomándome un hombro me ordenó:
“Anda y mátame a tu hijo”
Vamos –le repuse sonriendo- ¿me estás tomando el pelo acaso?
“Bueno, si no quieres hacerlo es asunto tuyo, pero recuerda quién soy, así que después no te quejes”
Conforme –me escuché contestarle- ¿y dónde quieres que cometa ese asesinato?
Entonces, como si fuera el aullido del viento
quien hablase, Él dijo:
“Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile”

Raúl Zurita, “/CI/”, Anteparaíso.

 

Una tremenda cañería cruza las playas de Huasco hasta hundirse en el agua y reptar no muchos metros hasta el fondo marino. La cañería lleva cerca de cuarenta años vomitando el relave, los restos y desechos de los procesos de explotación y producción de las mineras, dentro del mar. Hace cuarenta años había peces, ahora no. Hace cuarenta años había una pequeña comunidad basada en la pesca artesanal, ahora no. Todo lo que sale del mar está podrido. Los hijos de los pescadores se turnan entre el hambre y las enfermedades producidas por el fondo marino devastado y las humaredas tóxicas. Además del relave, Huasco se ha convertido en el hogar de cinco termoeléctricas a carbón que emiten gases contaminantes el día entero. Las nueve mil personas que viven en Huasco actualmente protagonizan algunos de los mayores índices de enfermedades respiratorias y cardíacas en Chile.

Entre agosto y septiembre de 2018, en las comunas de Quintero y Puchuncaví, más de mil quinientas personas asistieron a servicios de salud con signos fuertes de intoxicación. El alcalde pidió un informe de análisis toxicológico que aún no ha sido presentado. Todavía no hay responsables claros entre el interminable cordón industrial y los enjambres de producción que rodean la zona.

Todavía no hay cifras claras. Si bien se declararon una serie de medidas para reducir los números de contaminación en la zona, los índices de varamientos de carbón en la costa no han dejado de crecer. En la playa de Ventana, las mismas empresas responsables de los varamientos ofrecen algunos pesos de recompensa a los pescadores desempleados por recolectar en sacos el carbón regado por la orilla. Esos mismos pescadores que hace cuarenta años vivían bien, ahora recogen las sobras de un incendio que no se apaga para patear el hambre.

Les llaman zonas de sacrificio, pero yo me pregunto qué dios estará tan hambriento, tan desesperado, como para demandar tanto sacrificio. Las playas siguen regadas de negro y las grietas abiertas en las montañas no se han cerrado. ¿Qué dios sigue furioso luego de cuarenta años de derramar muerte sobre los mares? ¿Qué dios sigue sediento luego de secar toda la tierra? ¿A qué dios le seguirán helando las manos luego de quemar los bosques enteros? Si los sacrificios nacieron para reestablecer el equilibrio en la relación entre el humano, su espacio y la comunidad, cuántas muertes van a hacer falta para que nos podamos ir a dormir tranquilos. Las comunidades que crecen en los límites de la violencia, las manos manchadas que sirven de engranajes en los sistemas de producción, los cuerpos intoxicados como ofrendas infinitas inmoladas en nombre del Progreso. El peligro de la palabra sacrificio es que sugiere vagamente la existencia de un bien mayor por el cuál todes tenemos que entregar algo. Más parece ser que solo algunos entregan y muy pocos reciben. El mar funciona como un sudario enorme para tapar los cuerpos perdidos allá lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile.

Vicente Ruil

Si quieres saber más aún:

 

Si quieres saber cómo involucrarte en una acción colectiva por poner fin a los proyectos industriales que están acabando con ecosistemas y comunidades humanas, visita la página Oceana (chile.oceana.org). Oceana presentó una denuncia a CAP que forzó a autoridades a ordenar a la empresa terminar con el derrame de relave minero en fondo marino. Igualmente, sigue investigando y presentando medidas a las autoridades para ayudar a poner fin definitivo a las zonas de sacrificio en Chile.

Si te interesa saber más sobre zonas de sacrificio e impacto a nivel humano y ecológico, recomendamos:

– El documental “Huasco, el sacrificio de nuestro mar” (https://www.youtube.com/watch?v=4teplonWV5U)
– El artículo “El sacrificio es el mismo: Quintero y Puchuncaví a un año del fallo de la Corte Suprema” (https://radio.uchile.cl/2020/05/27/el-sacrificio-es-el-mismo-quintero-y-puchuncavi-a-un-ano-del-fallo-de-la-corte-suprema/)

Foto 1 y 3: Claudia Pool

Foto 2: Fundación Terram

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