En el último tiempo hemos visto cómo el sistema de producción masiva ha cobrado protagonismo en nuestra sociedad, teniendo serios impactos tanto para el medioambiente como para las personas mismas. Este modelo del Fast Fashion se basa en la fabricación de prendas rápidas y a bajo costo por parte de empresas textiles y la industria de la moda. La mismísima tienda “Shein”, en la que hoy todos compran online, también pertenece a este sistema, y lo que busca es un consumismo excesivo por parte de las personas (mientras la tienda sigue y sigue produciendo). Es decir, nos encontramos dentro de un círculo vicioso, en donde aparece la constante ansiedad por adquirir algo nuevo y no necesario.

Pero eso no es todo… Te invito a ver la etiqueta de la ropa que llevas puesta en este momento, ¿de dónde crees que es? ¿de Estados Unidos, o China? No. Lo más probable es que provenga de países pobres y en desarrollo, tales como Bangladesh o India. En el año 2013 se produjo el derrumbamiento de un edificio en Bangladesh, dejando a miles de muertos y heridos. Este edificio funcionaba como una fábrica de textil, en donde la mayoría de los trabajadores eran mujeres, al igual que hoy en día. Los confeccionadores de ropa de estos países mueren diariamente en este tipo de accidentes (el mismo Bangladesh ha tenido varios episodios de explosiones e incendios en fábricas de textil), los salarios son bajísimos y las condiciones laborales deplorables. Los edificios ni siquiera cumplen con los requisitos mínimos de seguridad, y las veces que los trabajadores exigen condiciones dignas de trabajo son ignorados, incluso reprimidos por la policía y el gobierno. Las mujeres son maltratadas, hay explotación infantil, muchos de los confeccionadores se terminan suicidando y, en fin, se ignora la vida de estas personas. Básicamente la ropa que hoy compramos en las tiendas del Fast Fashion se hace con la sangre de los trabajadores bangladesíes, y por lo mismo se debe concientizar a la población sobre esto.

Así nos lo cuenta una confeccionadora bangladesí en el documental “The True Cost”, que habla del momento del derrumbe: “Desde donde estaba trabajando me acerqué a las escaleras. Cuando llegué a ellas el edificio se derrumbó y mis piernas quedaron atrapadas. Las paredes laterales cayeron sobre mis piernas. Me di cuenta de que no las podía sacar, me di por vencida. Me venían a la mente cientos de pensamientos, ni siquiera podía llorar” (minuto 9:43). Estos relatos son realmente desgarradores. Shima, una madre de 23 años y también trabajadora de textil, cuenta su propio relato: “Cuando empecé a trabajar en una fábrica de ropa, mi salario era de 10 dólares al mes. La lucha de los trabajadores de Bangladesh no tiene límites: cada día nos despertamos temprano por la mañana, vamos a la fábrica y trabajamos muy duro todo el día. Con todo el trabajo duro hacemos la ropa, y eso es lo que la gente usa. La gente no tiene idea de lo difícil que es para nosotros hacer la ropa, solo la compran y la usan (…). No quiero que mi hija tenga que trabajar en una fábrica de ropa como yo. Me siento mal, pero creo que seré feliz algún día cuando ella tenga un buen futuro” (1:22:14).

Los precios bajos del Fast Fashion son entonces solo una ilusión, pues son los trabajadores de confección quienes realmente pagan el precio de la ropa, no nosotros. Estos precios nos hacen creer que generamos ahorro, pero en realidad solo es un efecto a corto plazo, ya que finalmente terminamos asumiendo las verdaderas consecuencias del consumo insostenible y la producción de ropa barata. Si lo pensamos bien, la vida en general es cara: comprarse una casa, pagar los estudios universitarios o la salud, y es aquí cuando el consumo barato aparece como “consuelo”, algo que sí podemos adquirir fácilmente. Pensamos que nos estamos haciendo ricos al comprar tanta ropa a precios bajos, pero eso solo nos empobrece; las únicas personas que se hacen ricos con este tipo de sistema son los dueños y dueñas de marcas pertenecientes al Fast Fashion.

La publicidad de la cual estamos rodeados es en realidad engañosa. Nos muestra que nuestras necesidades serán satisfechas únicamente consumiendo lo que quieren vender, y que la manera general de resolver nuestros problemas es mediante el consumo (de lo contrario podemos no ser valorados por la sociedad). ¡Y cómo no caer en el juego! Si las marcas que nos gustan lanzan constantemente códigos de descuento, promociones, ofertas y liquidaciones; si las tiendas del retail presentan nuevas colecciones cada dos semanas; si da la sensación de estar “pasado de moda” al no comprar la ropa de la última temporada. Es por todo lo anterior que la moda jamás se debe considerar como un producto desechable, y que el consumidor también tiene responsabilidad al comprar.

Te invito ahora a que la próxima vez que desees adquirir ropa nueva, lo hagas conscientemente, informadamente, sabiendo quiénes son las personas que confeccionan las prendas y realmente pagan el costo de la moda rápida. Te invito a que, antes de comprar, te fijes a qué marca le estarás pagando, a qué estás contribuyendo. Si ya elegiste tu marca, averigua sobre ella, sobre cómo tratan a sus trabajadores, sobre si es Fast Fashion o Slow Fashion, sobre si sus productos son de mala calidad y por tanto desechables. Puede no ser la opción más fácil y rápida, pero te aseguro que estarás aportando con tu granito de arena y estarás consumiendo con consciencia. Se hace necesario un cambio en el modelo actual del Fast Fashion, pero asimismo uno en la forma en que consumimos y desechamos, no solo ropa, sino todo hoy en día. Es la única manera de lograr una modificación radical y urgente.

Entonces sí, podemos decir que nosotros no pagamos la ropa barata que compramos, sino que son los trabajadores y trabajadoras de las fábricas de textil. Pero, nuevamente, eso no es todo… el otro agente que lamentablemente paga el precio del Fast Fashion es el medioambiente, y el que quizás pasa más desapercibido. Prepárate para conocer todos los detalles del alto impacto ambiental de la moda desechable en “¿Quién paga tu ropa? II”.

Magdalena Aburto

 

Si quieres saber más aún:

Documental: 

‘The true cost’ (2015)

 

1 Comentario

  1. Milo

    Muyy buenoo espero con ansias la seGunda parte!!

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *