La degradación ambiental cada vez está ganando mayor visibilidad. Documentales, artículos y diversos tipos de publicaciones han ido mostrando las consecuencias que trae consigo la crisis climática. Este mensaje nos ha dado mucho que pensar, cuestionando y motivándonos a cambiar ciertos hábitos en pro de mejorar esta realidad. Y es que en nuestra intensión de, por ejemplo, reducir nuestro consumo de plástico de un solo uso, nuevos productos como tazas reutilizables, bombillas de acero inoxidable y bolsas de tela han llegado para quedarse.

Pero, si lo pensamos bien ¿Es esto realmente suficiente para revertir la crisis climática? No me malinterpreten, esta pregunta no la hago con el afán de quitarle méritos a aquellas acciones, es más… yo también realizo algunas de ellas. Más bien apunta a analizar si será suficiente cambiar ciertos productos manteniendo nuestra forma de consumo.

A eso, mi respuesta sería…no. Esto no quiere decir que un cepillo de dientes hecho de bambú no ayuda al medio ambiente, claro que sí, pero cuando nuestra sociedad ha mantenido sistemas económicos que se basa en el consumo desmesurado. Lo necesario no es consumir distinto; sino que de manera responsable.

 El concepto del Consumo Consciente o Responsable nos habla justamente de eso, de ser conscientes al momento de elegir productos o servicios, siendo capaces de ver cuál es el impacto que estos generan a nivel ambiental y social. Esto lo logramos analizando ciertos factores como la producción (dónde y quién hizo el producto), el transporte (desde donde viene y cómo llegó a mis manos) y los residuos (qué pasa cuando desecho el producto). Estas preguntas nos mostrarán si lo que deseamos adquirir es de origen local o si viajo miles de kilómetros dejando consigo una larga huella de carbono; si viene del comercio justo o quizás de un lugar donde se ven vulnerados los derechos humanos; por último, si tendrá su vida útil terminará de forma amistosa con el ecosistema o si vivirá eternamente sin poder unirse a él.

Este concepto también habla de que tenemos que aprender a que no todo se debe comprar. Aquí es donde entran en juego las famosas 5 R’s (Repensar, rechazar, reutilizar, reparar, y reciclar). Esto es fácilmente aplicable en la ropa, podemos replantearnos si realmente necesitamos una prenda nueva o es la presión que sentimos por ir con la tendencia. También es posible modificarla y darle un nuevo aspecto, así alargaremos su tiempo de vida.

Ahora, cuando se habla de consumo consciente, mayoritariamente tiene un enfoque en los hábitos de las personas. Cierto es que hay responsabilidad en nosotros, pero no debemos olvidar que gran porcentaje recaer en las industrias y la poca regulación que ejercen los gobiernos. Sabemos que las industrias de energía; transporte; agricultura y desechos son las encargadas de liberar en gran cantidad gases de efecto invernadero. Según el informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), representaría un 87% del total que se encuentra en el ambiente.

Si bien, hemos visto cómo algunas marcas están tomando acciones en la dirección correcta (dejando de lado aquellas que practican greenwashing), aún existe una enorme cantidad de bienes en el mercado que tienen un costo excesivo para el medio ambiente, y es que la responsabilidad ambiental y social debería encontrarse en primer lugar en la agenda de cada empresa.

Nuestro esfuerzo tendrá un mejor resultado si comenzamos a exigirle a los gobiernos que asuman su responsabilidad de velar por la justicia ambiental y social que cada país necesita. Reformando los antiguos sistemas económicos que le permiten a terceros arrasar con los recursos finitos del planeta, dando paso a la implementación de modelos económicos como el circular, que no solo son sostenibles sino que al mismo tiempo son regenerativos.

Cotte Benites

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Fuentes:

Fotos:

Foto de ready made en Pexels

1 Comentario

  1. Lizz

    Excelente artículo. Me gustaría que este tipo de información se vuelva mas gráfica y se posteara en las redes sociales.

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