El calentamiento global fue un tema muy discutido a lo largo de la historia. Al principio se dudaba de él, pero con el pasar de los años, los escépticos se iban quedando sin fundamentos y los países debieron tomar cartas en el asunto. Han sido mucho los hitos que intentaron frenar la crisis climática y hoy nos centraremos en las negociaciones y cómo estas juegan un importante rol en el intento de combatirla. Esperamos que con este artículo quedes al tanto de los principales antecedentes del proceso actual de negociaciones que se lleva a cabo entorno al mayor problema que ha tenido que enfrentar la humanidad.

Comenzamos en el año 1992 específicamente en Nueva York, donde se adoptó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que estableció el marco teórico para negociar acuerdos específicos, como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París.

Avanzamos en el tiempo y llegamos a 1997 donde se ejecutó el Protocolo de Kioto, un convenio internacional que se basa en cronogramas y compromisos jurídicos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Además estableció obligaciones legalmente vinculantes para 37 países industrializados. Cada uno adquirió compromisos que debían verse reflejados en diferentes proyectos en sus programas nacionales. Están relacionados a la disminución de las emisiones producidas por la electricidad, el refinado de hidrocarburos, la calcinación, la fabricación de cemento y cal y la producción de acero. Después de que el Protocolo entró en vigor en 2005, las negociaciones internacionales tenían como objetivo disponer un nuevo acuerdo global.

En el progreso llegamos al año 2007. Allí se realizó la Hoja de ruta de Bali. Quizás el nombre no te suene, pero básicamente busca lo mismo, pero está vez con otro enfoque. El Plan de Acción de Bali traza el curso para un nuevo proceso de negociador diseñado para abordar el cambio climático desde cinco categorías principales: visión común, mitigación, adaptación, tecnología y financiación.

En el año 2010 se realizó el Acuerdo de Cancún, a través de este acuerdo se consiguió reintegrar, en cierto modo, la confianza en el sistema de negociaciones, pues introdujeron planes para reducir las emisiones. Determinaron que el calentamiento global debe permanecer por debajo de 2 °C en comparación con la temperatura pre-industrial y avivaron el desarrollo de planes. Finalmente, ya un poco más actualizados, tenemos al Acuerdo de París del 2015, que fue un consenso histórico. Aquí encontramos un acuerdo cuyo objetivo fue crear un acuerdo no vinculante para ayudar a los países en desarrollo a reducir las emisiones. “El Acuerdo de Paris ha cambiado el rol del negociador climático Iberoamericano porque, por primera vez, todos los países, sin distinguir su nivel de desarrollo, han asumido compromisos internacionales que deben ser cumplidos y ejecutados en determinados plazos, los cuales serán monitoreados y verificados”. Jimena Mora, ex negociadora por la delegación peruana.

Existen diversas opiniones respecto a la eficiencia que han tenido estos acuerdos. Sin embargo, podemos estar de acuerdo en que no han sido suficientes ni lo necesariamente transparentes para ver resultados positivos. Este proceso tiene una larga trayectoria que ha permitido a los países a encontrar la mejor estrategia para lograr los objetivos establecidos en cada negociación, aún así, nuestro planeta nos exige un mayor esfuerzo por parte de todos.

Rayen Raimil

Si quieres saber más aún:

Fuentes

http://www.undp.org/content/dam/rblac/docs/Research%20and%20Publications/Energy%20and%20Environment/PNUD%20Manual%20del%20negociador%20de%20Cambio%20Climatico.pdf.

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